Político

¡OPERACIÓN ASPIRADORA! LÍDERES DEL PNL RUEGAN POR UN CUPO EN LA «GRASA» QUE TANTO ODIAN

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En un espectáculo de contorsionismo político sin precedentes, Johannes Kaiser y Cristián Labbé han pasado de querer «dinamitar» el Estado a exigir una oficina con aire acondicionado y sueldo de siete cifras en el futuro gobierno de Kast.

POLÍTICA – Lo que para el ciudadano común es coherencia, para el Partido Nacional Libertario (PNL) parece ser una sugerencia opcional. La autodenominada vanguardia contra la «casta» y la «grasa estatal» ha protagonizado esta semana un episodio de humillación pública que dejaría pequeño a cualquier programa de telerrealidad, demostrando que el amor por la libertad solo es superado por el amor al escalafón de sueldos de la administración pública.

El «Sacrificio» de Johannes: Un Ministerio no es suficiente

El momento más surrealista lo protagonizó Johannes Kaiser. En un arranque de megalomanía que dejó atónitos incluso a sus aliados, trascendió que el diputado habría rechazado un ministerio bajo la premisa de que la cartera ofrecida «no estaba a su altura».

Fuentes cercanas a Palacio (o a lo que esperan que sea su palacio) comentan que Kaiser se ve a sí mismo como una figura histórica de tal magnitud, que el Estado chileno se le queda pequeño, a menos, claro, que el cargo incluya corona o, al menos, un sueldo que le permita seguir criticando al sistema desde la comodidad del sistema.

Labbé: El hombre que odia al Estado, pero no a su Tesorería

Por otro lado, Cristián Labbé ha llevado la desesperación a niveles olímpicos. Conocido por sus encendidos discursos sobre cómo el Estado asfixia a los emprendedores, Labbé parece haber decidido que el mejor «emprendimiento» es asegurar otros cuatro años de dieta estatal.

El diputado se ha ofrecido para cuanto cargo quede disponible en un eventual gobierno de José Antonio Kast, demostrando que su fobia a la «grasa» es selectiva: el Estado es grasa cuando le paga a otros, pero es «gestión eficiente» cuando el cheque sale a su nombre.


La paradoja del Libertario Chilensis

La escena es, cuanto menos, digna de un estudio sociológico:

  • El Discurso: «Hay que reducir el Estado al mínimo porque es un robo».
  • La Realidad: «Por favor, contrátenme con sueldo de ministro o subsecretario que tengo cuentas que pagar».

Para estos referentes de la élite política, parece existir una regla no escrita: el mérito y el esfuerzo son para los «pobres» que deben sobrevivir en el mercado privado. Para ellos, los defensores de la libertad de elite, el destino manifiesto es vivir del herario público mientras sostienen una champaña en una mano y el manual de Hayek en la otra.

«Es una humillación voluntaria», comenta un analista bajo anonimato. «Ver a quienes prometieron destruir el Estado haciendo fila con el currículum en la mano para ser parte de la ‘grasa’ es la máxima expresión de la hipocresía política actual».


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